Somalia es un país con una rica historia y una costa pintoresca, pero en 2025 seguirá siendo uno de los destinos turísticos más peligrosos. A pesar de la presencia de atractivos culturales, viajar aquí conlleva riesgos extremos. El índice de seguridad Travel Safe es de 16 sobre 100. La mayoría de los países del mundo, incluidos Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Australia, recomiendan evitar por completo viajar a esta región, asignando a Somalia un nivel de alerta 4 (no viajar).
Entre las principales amenazas se encuentra la actividad terrorista. El grupo Al-Shabab, vinculado a Al-Qaeda, perpetra ataques con regularidad, sobre todo en la capital, Mogadiscio. Son frecuentes las explosiones cerca de hoteles, aeropuertos, mercados y edificios gubernamentales. La delincuencia sigue siendo alarmantemente alta: son comunes los robos a mano armada, los secuestros y las extorsiones, especialmente fuera de las zonas protegidas. En las carreteras, los viajeros se topan con controles ilegales, a menudo con exigencias de soborno.
La piratería en las costas de Puntlandia sigue siendo un grave problema: los ladrones marítimos representan una amenaza incluso para los buques mercantes. La infraestructura médica del país está en declive: los hospitales no cumplen con los estándares básicos y la atención cualificada es prácticamente inexistente. Al mismo tiempo, el apoyo consular es escaso: la mayoría de los países no tienen misiones permanentes en Somalia, y en caso de emergencia, es extremadamente difícil obtener ayuda.
La región autónoma de Somalilandia, al norte del país, se considera una zona relativamente segura. Aquí se pueden realizar excursiones organizadas con guías locales y personal de seguridad, especialmente en las ciudades de Hargeisa y Berbera. Sin embargo, incluso aquí, el nivel de amenaza sigue siendo alto, y todos los viajes requieren autorización previa de la ruta.
En general, Somalia es un país para viajeros con un profundo conocimiento del riesgo, conexiones personales sobre el terreno y una preparación rigurosa. Para el público en general, el turismo en esta región es casi imposible y se asocia con una amenaza para la vida y la salud.

