Un equipo internacional de investigadores ha publicado datos que muestran que el crecimiento del turismo en la Antártida durante las últimas dos décadas ha provocado un aumento significativo de la contaminación. El número de turistas ha crecido de 20 a más de 120 al año. En zonas con gran afluencia turística y con estaciones de investigación en funcionamiento, la concentración de metales pesados en la nieve es 10 veces superior a la de hace 40 años. Estas partículas entran a la atmósfera procedentes de barcos, aeronaves y equipos alimentados con combustibles fósiles. Los científicos señalan que un solo turista puede acelerar el derretimiento de hasta 100 toneladas de nieve debido a la sedimentación de contaminantes en la superficie. Para los viajeros, esto significa que podrían introducirse nuevas restricciones en los próximos años: límites de desembarque, tasas ambientales y regulaciones más estrictas para las líneas de cruceros. Se recomienda a los turistas elegir operadores que cumplan con los estándares de la IAATO (Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida) y priorizar itinerarios ecológicos.

